Sold OutIncalificables son los tiempos y el ambiente que están sucediendo en el país, ya no es posible hablar de corrupción, estulticia, traición a la patria, amiguismo, compadrazgo, robo a la nación, abuso de autoridad, ignorancia de gobernantes, extorsión gubernamental, favoritismo, enriquecimiento inusitado y muy explicable y un larguísimo etcétera… Ya no es posible hablar de ello porque todo ha sido superado.

La oleada reciente de gobernantes, sin importar su divisa política, han caído en un descaro de tal magnitud que no le causa el menor escozor que se difundan sus componendas, negocios al amparo del poder o pago de favores. Han dedicado y utilizado el aparato gubernamental para aumentar fortuna personal, de empresarios y hasta de narcos cercanos (por coyuntura o tiempo) a ellos.

Ya harto sabemos como la reciente clase política ha desmontado Pemex y la CFE, industrias que se consideraban las más nacionales, el enormísimo hueco fiscal que se está dejando con esa medida, los absurdos impuestos creados, así como los francos ataques a la educación.

Ante el frontal debacle económico-social del país y los (ciertamente escasos e inefectivos) reclamos de la sociedad, los políticos-gobierno responden con represión para “resguardar el orden” y una tormenta de publicidad para sostener que la nación está en franco despegue hacia la prosperidad y felicidad absoluta, aunque la realidad se empeñe en mostrarse de forma violenta.

Aplicando el principio de vulgarización de Goebbels, los políticos han enfocado su propaganda a la población más pobre y con menor nivel educativo, atacando sus necesidades básicas ofreciendo atenderlas y bombardeándolos con sus mensajes a través de los medios de comunicación.

Así, los políticos están gobernando desde las pantallas de televisión, desde las páginas de diarios y revistas, comprando tiempo aire y reportajes especiales, donde hablan de un México inexistente, de un progreso que cada día está más lejano y de nuevas oportunidades nunca creadas de bienestar para la población.

Ya no es extraño saber que mientras había una catástrofe un gobernador estaba en una fiesta, otro que aparece en revistas del corazón mientras aumentan los niveles e desnutrición en su estado, alguno más que se dice gobernador constitucional y en realidad es de adorno, pero que coinciden en lo mismo: describir al país de las maravillas.

Justamente en gobernar el país de las maravillas es que invierten su tiempo los políticos mexicanos, y en ese esfuerzo es que tienen que negociar, en las cámaras, en sus oficinas, en privado o en el extranjero, con narcos, empresarios, políticos (o combinaciones de estos) nacionales y de otras naciones el desmonte del país.

Ya no es posible calificar lo que los políticos actuales están haciendo al país, simplemente no tiene nombre.

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