Requiem por el Museo del EscritorLa cultura y sus diversas expresiones siempre habían formado parte si no de los intereses, sí de las apariencias de los gobernantes de nuestro país. Tradicionalmente los artistas más sobresalientes eran considerados parte del inventario de los regímenes presidenciales, los de menor jerarquía pero cierta fama se vinculaban con los gobernadores (considerándolos “embajadores de los estados”) y las fuerzas básicas (futbolísticamente hablando) de las artes y los esfuerzos por foguear y encontrar a nuevos valores se dejaba a las municipios (en el caso de los estados) y las delegaciones (en el caso del Distrito Federal).

Para las autoridades, las expresiones históricas y culturales (clásicas como la escultura, la pintura, la música y las nuevas como el performance, el graffiti, la multimedia) no podrían entenderse cabalmente sin la existencia de recintos que mostraran de forma digna la producción artística nacional. Lo mismo se han creado espacios como el Palacio de Bellas Artes, el museo de la Revolución o el de Arte Moderno, que lugares para el performance como X Teresa, de fotografía como el MAF, del Calzado y hasta un extraño lugar conocido como el museo de la cerveza.

Célebres fueron en su momento las reuniones de carlos salinas de gortari con los artistas e intelectuales de su época, incluso desde antes que fuera presidente. El extenso uso que hizo luis echeverría de rasgos considerados inequívocamente mexicanos en sus celebraciones y giras, así como la coptación de los artistas para loar su régimen duraron mucho tiempo en el comentario y la anécdota. El reparto de becas, premios (bajo y sobre el agua), reconocimientos y hasta puestos públicos para los encumbrados eran hecho común.

Más nada es permanente y mucho menos si está asociado con intereses de los políticos, la cultura en cualquiera de sus variantes ha dejado de tener relevancia para ellos y, por tanto, dejado de ser sujeto de apoyo y difusión.

Hoy en materia de política cultural lo que domina es la ignorancia, el desprecio por todo aquello que signifique historia y arte, en ese sentido el ataque sistemático que se ha hecho desde hace muchos años contra la educación ha rendido frutos, tanto en la población en general como en los funcionarios públicos.

Enrique peña nieto, lamentable presidente de la república, parece que tiene un empeño especial en demostrar en cada ocasión posible su falta de conocimiento, de cultura general, de no poseer los conocimientos mínimos, por ejemplo, de la geografía del país o de el nombre de las instituciones de gobierno, ya no digamos de otros países u organismos internacionales. Y de ahí para abajo.

El recorte de 4 mil 700 millones de pesos anunciado por la presidencia contra la actividad cultural demuestra fehacientemente cuál es el interés en el rubro.

Así, no es de extrañar que se cierre las puertas a todo lo que signifique, huela y se escuche como cultural, que se tenga un máximo desdén por esfuerzos particulares o grupales encaminados en ese sentido, que sean despreciados, ignorados y hasta agredidos los pocos avances que se dan y no tengan la “bendición” del político en turno.

En este grosero ámbito de ignorancia sobre el valor de las expresiones culturales es que cayó el esfuerzo del escritor René Avilés Fabila por heredar a la Ciudad de México, en particular, y a todo el país muestras del trabajo de notables escritores, poetas, cuentistas, tanto de su obra como de sus efectos personales, englobado todo en el Museo del Escritor, que se ubicó temporalmente en el Faro del Saber Bicentenario de la delegación miguel hidalgo.

El Museo el Escritor, un pequeño recinto realmente, ha sido agredido por las actividades de remodelación que a emprendido el delegado víctor hugo romo en la zona del Faro Bicentenario, sin importar que se dañaran primeras ediciones, efectos personales, herramientas de trabajo que pertenecieron a personajes tan notables como Rodolfo Usigli, Rubén Bonifaz Nuño, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Juan José Arreola, Juan Rulfo, y un largo etcétera.

Y de acuerdo con lo expresado por Avilés Fabila en su cuenta de Facebook, el escritor solicitó apoyo de “millonarios como Slim, las de tres presidentes de la República, cuatro secretarios de Educación Pública, cuatro jefes de gobierno capitalino, diputados, senadores, todos estos relacionados con cuestiones culturales y educativas. No hubo respuesta”, ante ese panorama indicó que le parecía que el proyecto del Museo del Escritor había llegado a su fin.

Justamente la breve vida y el punto final del Museo del Escritor ilustra fehacientemente el derrotero de la actividad cultural en nuestro país: ningún interés, ningún conocimiento, falta de respeto y continuo intento por desmontar lo ya hecho.

No sólo de economía vive el hombre, también de educación y cultura, pero hoy en México nada de eso importa.

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