• De cangrejos y sombras de cactus
  • Inmovilismo nacional
  • Desunión como país, unión por televisión


¿Celebrar o no?Cuando pequeño, la llegada del mes de septiembre revestía un significado especial, las banderas nacionales de todos tamaños asomaban por las azoteas, puertas de autos y oficinas, por supuesto todo dirigido desde la televisión. Nos envolvía un aire de comida tradicional, de fiesta, de reunión familiar para presenciar “el grito” y hacerle segunda a las arengas del “señorpresidente” (que muchas veces no entendíamos), fueran las que fueran. Sin duda, tiempos románticos… o más ignorantes.

De entonces, también campeaban las ideas de la falta de unión y apoyo mutuo que los mexicanos “teníamos” como individuos y país, como el cuento de los botes de cangrejos, donde uno estaba cerrado porque eran extranjeros y se ayudaban a salir y el otro estaba abierto porque eran mexicanos y jalaban al fondo al que intentaba salir; o, como es sabido de todos, la imagen que de nosotros se manejaba en el extranjero: el sujeto sentado indolentemente bajo un cactus, envuelto en sarape y oculto el rostro por un gran sombrero de mariachi.

Las dos visiones arriba señaladas perdura hasta hoy, nada ha cambiado, la televisión se sobrepone a la influyente presencia de las redes sociales en internet y nos agrupa o divide según la conveniencia del momento; pero no solo, ahora la televisión ha tomado un poder tal que incluso se sobrepone a los poderes que suponíamos intocables y que actualmente se subyugan a sus mandatos.

El poder político, el “señorpresidente” y sus secuaces eran en antaño la personificación de la hipocresía, fingían trabajar por el bienestar del pueblo aunque este nunca llegará; hoy, el “señorpresidente” y sus secuaces son la personificación del cinismo, ya no fingen, ahora cometen sus tropelías a ojos vistos y se jactan de ello.

A lo que nunca han renunciado es al manejo de la fuerza bruta para salirse con la suya, del manejo discrecional del dinero público, del contubernio con los hoy inexistentes partidos de oposición y con la inescrupulosa clase empresarial, en detrimento del país, tanto en sus recursos naturales como humanos, pero siempre en su beneficio.

De que sirve conocer la corrupta trayectoria de Enrique Peña Nieto, cuando funcionario y gobernador del Estado de México, de su dudosa forma personal de vivir, si con el apoyo del cinismo dominador de masas de Televisa es el actual presidente de México…

De qué sirve que una diputada le recite su ambiciosa trayectoria al actual secretario de Hacienda, Luis Videgaray, que sin rubor alguno llevó a cabo un plan de largo plazo para enriquecerse junto a sus compinches con el desmantelamiento de la industria energética nacional, si de todos modos lleva a cabo la “reforma energética”…

De qué sirve que, además de que gracias a su ingeniería financiera hasta ahora no ha sido posible comprobar con documentos que se ha enriquecido explicablemente, nos hayamos dado cuenta que Andrés Manuel López Obrador quiso dinamitar la protesta de la CNTE desalojando el Zócalo capitalino a favor de Peña Nieto y al no lograrlo convocó a otra reunión en fecha posterior dejándolos “morir solos”…

De qué sirve saber que ya no existen en México los partidos de oposición, porque tanto el PRD (y sus satélites) y el PAN ya están coludidos con el “señorpresidente” y el PRI (también con sus satélites); que se liberan ladrones de cuello blanco, narcotraficantes, policías asesinos, secuestradores, todos afines al sistema actual; que se estén regalando las industrias y recursos nacionales a destructivas empresas y gobiernos extranjeros; que se esté desmantelando el sistema educativo a favor de voraces empresarios nacionales…

¿De qué sirve tener información fidedigna de todos los temas que no interesan al alcance de prácticamente cualquiera, si seguimos como los cangrejos y sentados a la sombra del cactus?

Viéndolo a la distancia, en este septiembre de 2013 seguimos igual que en el septiembre de 1980: ignorantes, desunidos como país y unidos para ver “el grito” por televisión.

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