Cortinas de humo priístasPor César E. Pérez

Los regímenes presidenciales de nuestro país son especialistas en generar cortinas de humo ante las acciones que van a emprender y que, con toda claridad, va a afectar nuestra economía tanto a nivel individual como ciudadanos y a nivel general como nación.

Lo mismo crean personajes fantásticos como el tristemente célebre chupacabras, puntos de transformación “mágicos” como el error de diciembre y hasta generar a largo plazo villanos favoritos (muy al estilo de lo que hacen los gobiernos de Estados Unidos para atropellar individuos y naciones).

Desde el régimen presidencial de Miguel de la Madrid, iniciado hace 30 años, hemos presenciado una euforia mercantil de los gobiernos, buscando desincorporar a toda costa las empresas paraestatales, ya sea quebrándolas, acusando utilidad pública o ineficiencia. Así han sido rematadas empresas como Telmex, Dina o Imevisión y desnacionalizadas actividades como la bancaria o azucarera.

Las cortinas de humo se empezaron a utilizar de forma focalizada desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, cuando se inventó al “chupacabras” (ser fantástico succionador de sangre y físicamente parecido al ex presidente) previo a la inminente devaluación del peso y caída de la economía nacional a finales de 1994 (el “error de diciembre”). De ahí se han creado eventos que buscan distraer la atención popular relacionados con los deportes (futbol sobretodo), la salud (influenza), la cooperación política (Pacto por México) y de seguridad (lucha contra el narcotráfico).

El Pacto por México y la lucha contra el narcotráfico son las cortinas de humo que actualmente el todopoderoso y vengativo PRI ha creado con el objetivo secundario de controlar a los “partidos de oposición” (término que ya es un eufemismo) y el principal de privatizar por medio de una reforma energética el puntal de la economía mexicana: Pemex.

Una vez acotada la oposición política, el PRI y sus corifeos desde el gobierno, la IP y los medios de comunicación, han emprendido la tarea de justificar la venta de Pemex a las empresas que en su momento fueron sacadas del país con la expropiación petrolera de 1938.

En carrera paralela, el gobierno priísta maneja sentencias como la interpretación al pie de la letra del espíritu del texto del artículo 27 que promulgó Lázaro Cárdenas, pone a los titulares de las dependencias del rubro energético a difundir por todo el país la inoperancia y pérdidas millonarias de la empresa petrolera, mientras que Enrique Peña Nieto a contracorriente expone en el extranjero la rentabilidad que tiene Pemex y la conveniencia de invertir en su compra; también pretende crear una falsa sensación de seguridad interna y obvio impacto externo al mostrar cómo se combate al narcotráfico y se apresa a sus líderes ( Miguel Ángel Treviño, Z40, presunto líder de los zetas, y Armando Ramírez Treviño, X20, presunto jefe del cartel del golfo), sin importar que los argumentos puedan ser engañosos o contradictorios.

Las trasnacionales de los hidrocarburos Exxon, Chevron, Shell, etc., ya se frotan las manos por el gran botín petrolero (de unos 100 mil millones de dólares anuales) que les llegará a las manos con escasa inversión y con mínimas obligaciones obrero-patronales, aunque exigen una mucho mayor apertura en la “reforma energética”.

Las clases política y empresarial nacionales ya unificadas, en una solo visión, han mostrado que andarán sin duda alguna el camino que marque el régimen priísta, sin prestar más atención que a sus intereses e ignorando el inminente colapso económico que enfrenta el país, aún antes de la privatización de Pemex.

En caso necesario, empresarios nacionales ya están colocándose en disposición para funcionar como prestanombres o voceros, basta ver el uniforme del equipo de futbol América, propiedad de Televisa, que porta en su publicidad a Total, empresa francesa de hidrocarburos, o las defensas insensatas de la reforma energética que en Twitter hicieron Yuriria Sierra, lectora de noticias de canal 28, que comparó el petróleo con limones (@YuririaSierra13 ago: Tienes un limonero pero estás chaparro. Tu vecino tiene escalera. Te la presta y te propone hacer limonada pa’ vender. #SonTusLimones) o Pascal Beltrán del Río, director de Excélsior, que lo comparó con la plomería (@beltrandelriomx13 ago: Quienes están en contra de q Pemex contrate a empresas privadas seguro jamás le han llamado a un plomero por miedo a q se quede con su casa).

Hoy, las redes sociales se han convertido en la piedrita del zapato de la reforma energética y el molesto zumbido de mosco en las cabezas de empresarios y políticos empeñados en vender la industria energética de México, pero la cantidad de personas que pueden acceder a internet es pequeño, lo es más el número de lo que exponen su punto de vista por una causa, más aún los que protestan contra la privatización de los hidrocarburos.

Lamentablemente la población mayoritaria tiene preocupaciones más importantes que la venta de Pemex, el esfuerzo por cubrir sus necesidades más básicas en una economía cada vez más depauperada no les deja fuerza ni recursos para nada más, mucho menos para enrolarse en dinámicas de protesta.

Las marcadas diferencias entre la población, junto a las cortinas de humo, son las que aprovechará el gobierno priísta (y la inexistente oposición) para privatizar Pemex y lograr enormes ganancias económicas para todos los involucrados, sin detenerse a pensar que mandarán a todo un país y sus habitantes a la quiebra, lo que ahondará aún más las diferencias sociales, bajará los niveles de educación promedio, disminuirá los puestos de trabajo y los salarios, en consecuencia aumentarán los niveles de inseguridad y violencia.

De concretarse la privatización de Pemex como la tiene planeada el conjunto PRI-PAN-PRD y como la esperan los empresarios nacionales y las trasnacionales, estaremos asistiendo no a un estado fallido, sino aun país perdido.

¿Las cortinas de humo que siguen para desviar la atención de la privatización serán más elaboradas o, cínicamente, más burdas?

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