Porfirio Díaz - Enrique Peña NietoLa reforma energética quita fuerza al artículo 28, desvincula todo lo relacionado a la industria petrolera y eléctrica, dejando todo el peso al artículo 27, con el que se mantiene la posesión del estado de los recursos mientras están en el subsuelo y una vez que se decide extraerlos se permite el mismo estado dar a compañías privadas contratos de extracción, almacenamiento, refinación y distribución (venta).

La existencia de contratos que cubren toda la ruta de transformación de los hidrocarburos provocará que los actuales instalaciones petroleras sean subutilizadas, permitiendo a las autoridades declararlas como activos no estratégicos y, como ha señalado de forma reiterada el Secretario de Hacienda Luis Videgaray, productoras de pérdidas millonarias, susceptibles de ser vendidas (tal como ya se hizo con el complejo Pajaritos, en Veracruz, a favor de la empresa Mexichem).

La reforma energética sólo es un eufemismo para poner a remate los activos petroleros del país y cerrar, de paso le venta completa de la industria eléctrica nacional (en la que ya participa de forma por demás ventajosa la empresa española Iberdrola).

Con esas acciones más que estar en el siglo XXI parece que regresamos al XIX con Porfirio Díaz, cuando se dedicó a rematar las industrias estatales y pensaba que era querido y respetado.

Bien lo había dicho Napoleón Bonaparte: Aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla. En México seguimos repitiendo.

Anuncios